¿DEBERÍA LLEVAR YA A MI HIJO AL ORTODONCISTA?

Es muy frecuente que durante los primeros años de vida los padres se preocupen por la salud dental de sus hijos. Por ello, es habitual que los niños acudan junto a sus padres al dentista general para conocer y cuidar la salud dental de los más pequeños.

Pero un aspecto al que se le presta menos atención es el desarrollo facial de los niños. Es muy común que durante el crecimiento y desarrollo facial se produzcan alteraciones o descoordinaciones de los huesos faciales.

Dichas alteraciones o discrepancias óseas podrán tener efectos perjudiciales sobre la masticación, respiración, sueño, concentración, alteraciones de la conducta y no menos importante la estética facial.

Estas alteraciones de los huesos faciales deberán tratarse lo antes posible, puesto que serán inalterables una vez termine el crecimiento de los niños (12-13 años aproximadamente).

Durante el crecimiento del niño somos capaces de modificar a nuestro favor el crecimiento de los huesos faciales. Por ello, la edad ideal de tratamiento se encuentra entre los 6 y los 13 años.

 Una vez finalizado el crecimiento y establecida la deformación ósea los únicos tratamientos posibles serán a través de la cirugía maxilofacial.

Es por ello que es de gran importancia acudir a un ortodoncista especializado en ORTOPEDIA DENTOFACIAL capaz de corregir esas discrepancias faciales a tiempo.

A continuación mostramos algunos ejemplos de crecimientos alterados:

Mordida Cruzada: esta mordida se debe a una compresión de los huesos que soportan los dientes superiores. Es muy frecuente en niños con largos periodos de chupetes o biberones y aquellos que tienen el hábito de la succión digital.

Mordida Abierta Anterior: Ausencia de contacto entre los dientes anteriores superiores e inferiores. Esta maloclusión se debe a la interposición de chupetes, biberones o succión digital. También puede tener un carácter hereditario.

 

Clase II: esta maloclusión se caracteriza por un crecimiento escaso de la mandíbula, lo que genera una descoordinación con los dientes superiores dando la apariencia de que estos sobresalen de la cara o que el mentón tiene poca expresión.

 

Clase III: esta maloclusión se caracteriza por un crecimiento exagerado de la mandíbula llegando en muchos casos a producir una mordida cruzada anterior en la que los dientes inferiores ocluyen por delante de los dientes superiores.

 

 

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